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| Foto: Romerito Pontes |
Se empeña el partido de la ultraderecha española en introducir en el debate político y público una ficción de trato desigual hacia los hombres, los españoles, la familia tradicional, la Iglesia Católica y, por supuesto, también, hacia los vencedores del golpe de Estado que los militares dieron en 1936. Tacha de discriminación lo que no es. Invierte los términos en una hábil estrategia de victimización. Proyecta en quienes somos parte de los grupos y colectivos vulnerables un trato de favor inexistente puesto que, precisamente, por valores y creencias como las que defiende el partido de Santiago Abascal somos y hemos sido señalados, insultados, perseguidos y agredidos.
No es la vida ni la integridad de los hombres españoles blancos heteros y cis, ni tampoco la de sus familias, la que está en juego como colectivo ni sufre un trato desigual. La amenaza fantasma de Vox a supuestas invasiones, adoctrinamientos y feminazismo no son más que una peligrosa proyección de lo que ellos mismos son: fundamentalismo e intolerancia hacia los derechos humanos que -basados en el principio de universalidad- buscan promover, proteger y garantizar la igualdad, ¿cómo?: evitando que la discriminación hacia los colectivos vulnerables se convierta en políticas y retóricas de persecución como las que defiende Abascal.









