¿Cómo están aprendiendo nuestros niños y jóvenes a ser hombres y a ser mujeres? Esa es una de las preguntas que deberían responderse las autoridades cuando decidan abordar de manera integral uno de los principales problemas de convivencia que tiene nuestra sociedad, la violencia de género.
El reparto de roles y funciones que se hace desde la más tierna infancia -dentro de los hogares y también en el aula- marca sin duda alguna la construcción de una identidad masculina y una femenina. Roles y rasgos de conducta que niñas y niños irán adoptando como adecuados y correctos en su camino hacia la adultez, sin ser conscientes de que pueden estar siendo programados para establecer relaciones de por vida desde un plano de desigualdad.