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martes, 9 de marzo de 2021

Borrar murales feministas, posible delito de odio

 

La réplica del mural feminista de Ciudad Lineal, que se pintó el pasado 6 de marzo junto a la estación de Getafe Central


En los últimos días, y con motivo de la celebración del 8M, en las calles de distintos puntos de España y, especialmente, en la Comunidad de Madrid, los rostros de las mujeres que protagonizan diferentes murales feministas han sido emborronados con pintura durante la noche, a escondidas y parapetándose en el estado de alarma que no han respetado sus autores. Estos actos, que algunos se atreverán a calificar como actos vandálicos, están muy lejos de ser solo eso. Más bien son una señal de alerta de la polarización de los seguidores de extrema derecha que vienen ocupando el espacio público en clara amenaza al orden democrático y los valores sobre los que esté se sostiene.

Este tipo de ataques, aunque sean materiales, cuando están motivados en el rechazo, aversión y odio hacia un grupo diana de las discriminaciones –colectivo vulnerable, en lenguaje de derechos humanos– nada tienen que ver con el vandalismo. Más allá del daño económicamente exigible y reparable, sus autores dejan un mensaje que quiere intimidar y reproduce la violencia que sufre ese grupo diana a nivel estructural. En este caso el grupo diana del mensaje de odio es claro: todas aquellas mujeres que se identifiquen como feministas y/o con los feminismos; y la violencia que reproduce no es difícil de adivinar: la violencia machista que, precisamente, se denuncia en fechas clave como la del 8 de marzo. 

martes, 2 de marzo de 2021

8M: quemar el miedo y cambiarlo todo

Foto: Ana Rey

"Quemar el miedo" es el título del libro que publican estos días las integrantes del colectivo chileno Las Tesis, un manifiesto feminista sobre el arte y la protesta como forma de resistencia. Quemar el miedo, en este tiempo de virulencia de los grupos anti-derechos, declaraciones obscenas y asesinatos machistas, resulta una excelente consigna para exorcizar los demonios (y por qué no, los fantasmas y los males de ojo) Esos demonios que toman posesión, no solo de nuestras vidas precarizadas, nuestro trabajo comunitario o nuestras fuentes de información, sino que amenazan con descaro –como si esto fuera un juego de supervivencia, o ellos o nosotras–  nuestras luchas feministas y nuestra coexistencia plural, diversa y pacífica.

Toca seguir trabajando por deshacer la cultura del silencio, del olvido y la subordinación machista y transmisógina ante quienes quieren criminalizar una fecha o apropiarse de un movimiento. Más allá de la necesidad de hacer de este 8M algo diferente, es un derecho reclamar el protagonismo de ese día para reinterpretar y reencantar el mundo, (como defiende Silvia Federicci) desde otras lógicas y razonamientos distintos a los que nos ha traído hasta aquí, con valores de cuidado diferentes a los del neoliberalismo androcéntrico que hipertrofia el yo y se apropia de la fragilidad humana para convertirla en una bomba de racimo.