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miércoles, 15 de agosto de 2018

Argumentos para dummies no racistas y ‘buenistas’ (y III)


Foto: Jeanne Menjoulet

La migración tiene género, el de mujer. A pesar de que sus relatos suelen desdibujarse en la amalgama de informaciones, imágenes y estadísticas que nos están llegando estos días, ellas siempre están ahí. Poco se habla de cómo el sistema patriarcal, el nuestro, se sirve de las mujeres y niñas migrantes, de cómo se aprovecha de su situación de vulnerabilidad para que las reglas (también capitalistas) de dominación, poder y precariedad las cerquen hasta vivir las experiencias más serviles, denigrantes y abusivas de la llamada economía informal. Habrá quien piense que los discursos xenófobos y racistas de estos días no las estigmatizan ni las señalan directamente. No es verdad, la indiferencia también es violencia porque se habla por ellas, se toman decisiones por ellas, se las victimiza en exceso, se las ignora… Si en los últimos años se puede hablar de algún boom migratorio, es el del aumento de llegadas de mujeres y niñas migrantes a nuestro país.

martes, 16 de enero de 2018

Porteadoras, otra cara del machismo

Foto: Violeta Assiego
Ahora, que bajo el paraguas de un pacto de Estado se empieza a reconocer que el género es lo que hace a las mujeres víctimas de diferentes formas de violencia, es el momento de hablar de ellas, de las porteadoras. Estas mujeres cruzan nuestra frontera sur cargando sobre sus espaldas mercancías que les son ajenas. Bultos que llegan a alcanzar los 90 kilos de un peso que ni una mula sería capaz de soportar. Cargan fardos llenos de productos básicos que vienen de España y van a Marruecos. Viajes por los que las porteadoras reciben una cantidad irrisoria de entre 4 y 10 euros (por bulto) y que, por el tipo de esfuerzos que tienen que realizar, no superarán los cuatro viajes.

No solo envejecen y pierden la salud con cada porte, también sufren agresiones y arbitrariedades de todo tipo: acoso y abuso sexual, vejaciones e insultos, maltratos físicos y psicológicos, confiscaciones de la carga, exigencia del pago de sobornos, rechazo a sellar el pasaporte e incluso avalanchas que han llegado a costarles la vida a porteadoras, tal y como viene denunciando APDHA.

martes, 14 de noviembre de 2017

Sobre violencia institucional racista pongamos que hablo de Melilla


Decenas de porteadoras esperan entrar en Ceuta con los fardos sobre sus espaldas. GONZALO TESTA

El Estado español es racista. Lo es cuando sus instituciones, y los agentes públicos que las representan, actúan de forma arbitraria y discrecional contra quienes no responden al patrón que se canturrea en el ‘yo soy español, español, español’.
Desde hace años, caso tras caso, distintas sentencias, hechos e informes vienen constatando que las autoridades españolas actúan (o permiten que se actúe) con un sesgo racista hacia las personas que por el color de su piel se podría interpretar que no son ‘de aquí’.
Ya sé que decir que España es racista es políticamente incorrecto. De hecho, la creencia mayoritaria (casi unánime) es que no lo somos: solo el 0,4% de los españoles (datos del último CIS) considera que el racismo es un problema del que tengamos que preocuparnos. A pesar de tenerlo delante, nos cuesta tanto verlo. “Seremos muchas otras cosas, pero racistas… no”.

miércoles, 20 de julio de 2016

Nadie hablará de ellas cuando hayan muerto: las porteadoras de Melilla

Jornada de transporte de mercancías en la frontera, Melilla /Foto: Violeta Assiego
A diferencia de lo que pasa con el delito de contrabando, el término comercio atípico carece de definición legal. Con esta expresión, en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla se describe el transporte de mercancías que se lleva a cabo en la frontera sur de Europa. Una actividad en la que, sobre la espalda de las personas –principalmente de origen magrebí y mujeres–, se llevan (de España a Marruecos) fardos que pueden llegar a pesar hasta 70 kilos por bulto.

A pesar de que el comercio atípico no está regulado, tiene un calendario laboral, horarios, salarios y lugar de realización. En el caso de Melilla, se produce de lunes a jueves, de 9h a 12h de la mañana y en los puestos fronterizos de Barrio Chino(principalmente) y Farhana. Fuera de ese margen no es posible desarrollar actividad similar ni que se le parezca. Al día, por jornada, pueden llevarla a cabo (al menos) medio millar de personas.