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sábado, 3 de septiembre de 2016

¿No entenderán nuestro amor? ¿Acaso ellos lo entienden?


Pride de Estambul 2015
Hace algo más de una semana publiqué una entrada en la que, como defensora de los derechos humanos, expresaba mi oposición a la prohibición del burkini al entender que el motivo que llevaba a tal decisión estaba basado en el prejuicio y la discriminación y que dicha norma, lejos de respetar el principio de universalidad de los derechos humanos, directamente lo contravenía y exponía a un colectivo concreto a mayor violencia solo por el hecho de llevar una prenda de vestir o pertenecer a una religión. Tanto Naciones Unidas como el Consejo de Estado francés comparten este enfoque. No es nada extraordinario por mi parte, es enfoque de derechos humanos puro y duro.

jueves, 25 de agosto de 2016

Pray for Burkini

Foto: Sebastian Nogier / EFE
Los atentados de París marcaron un antes y un después en el trato que Europa está dando a las personas que practican el Islam. Aquel viernes 13 de noviembre será recordado como una fecha infame por el horror de aquella masacre y por la respuesta de las autoridades galas que, tras la acción terrorista del ISIS, habló de declaración de Guerra y decidió suspender la Convención de Derechos Humanos.

Aquella fecha, paradójicamente, también dejó una consigna pacifista: Pray For París. La invitación al rezo por el ataque de un estado islámico a una sociedad laica se convirtió en la expresión más viral de solidaridad de aquellos días. Un apoyo no solo a las víctimas y supervivientes sino también a la paz. Desde entonces, cada vez que sucede un atentado (especialmente en una ciudad europea), se sigue ondeando ese mensaje cual bandera pacifista. Sin embargo, también a partir de aquella fecha, en las redes sociales (y no solo) se ha ido incrementado el odio hacia el musulmán, la islamofobia. 

martes, 10 de mayo de 2016


Seis días viendo largometrajes a una media de cinco por día no está nada mal. Cuando me propusieron formar parte del jurado de Amnistía Internacional no imaginé la prueba de resistencia a la que me iba a someter. Y sin embargo, lo confieso, volvería a ir a pesar de la cantidad y de la temática del Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián: denunciar las diferentes violaciones de derechos humanos que sufren personas vulnerables a lo largo y ancho del llamado planeta Tierra.
Precisamente, sobre el planeta que habitamos trataba uno de los films más esperanzadores de los que vimos: Mañana. Recién estrenado el pasado día 29 de abril, de nacionalidad francesa y aclamado por la crítica y por el público, desprende buenrollismo por todos sus poros y deja claro ese mensaje que necesitamos oír: todavía estamos a tiempo de evitar el desastre que aboca a mayor pobreza y desigualdad con sus consabidas violaciones de derechos.