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martes, 23 de febrero de 2021

Normalizar la violencia policial citando los Evangelios

 

jlmaral


En estos días que tanto se insiste en condenar la violencia, llama la atención que esté pasando tan desapercibido el uso (sesgado) que ha hecho algún que otro representante político de la extrema derecha de ciertos versículos de la Biblia para alentar a los antidisturbios a usar la violencia contra los manifestantes: "A todo el que te pida, dale" (Lucas 6:30)  

martes, 8 de diciembre de 2020

Demasiados corazones de piedra en lugares de responsabilidad

 

Foto: Olga Berrios

Leo en El Salto que ha fallecido un hombre de 59 años en el parque en el que dormía. Hacía más de un año que había sido desahuciado de su casa sin recibir ayuda ninguna por parte de los obligados a ello. El ayuntamiento de Collado Villalba (Comunidad de Madrid), del que depende ofrecer ayudas de emergencia para situaciones como esta, tiene el vergonzoso honor de haber recibido ya en dos ocasiones "el premio" Corazón de piedra por ser uno de los municipios que menos inversión social realiza. A esto se une, entre sus muchas carencias sociales, que cuando ha tenido pisos del IVIMA los ha vendido al fondo de inversión Goldman Sachs.

La última de las premiadas por la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales con un Corazón de piedra fue, en 2019, Rocío Monasterio por su retórica cruel e injusta "acusando a menores de origen extranjero tutelados por las Comunidades Autónomas, de ser causa de inseguridad, y acudir a la puerta de su domicilio en un claro intento de provocar la ira vecinal contra ellos. Por hablar en tono despectivo e insultante...".

jueves, 24 de enero de 2019

Le pegué porque era mío

Foto: Dunna1
No todas las violencias son iguales por mucho que lo repitan (una y otra vez) Casado, Egea y Vox. No lo son, principalmente, porque cada forma de violencia responde a un tipo de motivación, es decir, oculta (aunque veces no tanto) una serie de valoraciones y creencias sobre la persona que es víctima. Son esos motivos los que permiten a su autor encontrar esa especie de legitimidad que le ayuda a justificarse (antes, durante y/o después) de dañar a alguien. Comprender esto para plantear políticas y soluciones en términos de educación, convivencia y derechos es querer lo mejor para una sociedad y un país, al margen de las creencias personalistas de los que solo miran por lo suyo y a corto plazo.

jueves, 26 de julio de 2018

Hasta que la muerte os separe y el Supremo lo sentencie



Una frase categórica y trágica ha venido sellando, desde hace décadas, los matrimonios de millones de hombres y mujeres. “Hasta que la muerte os separe” es una de esas fórmulas que, aunque suene antigua, produce escalofríos al ver las cifras de la violencia machista. Esta expresión, aunque parece utilizarse cada vez menos, no es inocua y es una de las que envenena las raíces de lo que debe ser una relación libre de pareja. La falsa idea de indivisibilidad del matrimonio viene a decir que es la muerte la que pone fin al amor. Mentira. La muerte nunca es el punto de inflexión de una relación. Esta, guste o no, se acaba cuando se termina el amor, cuando la relación no es lo que se espera, cuando el sentimiento estrangula, o, sencillamente, cuando eso no es amor.

La muerte tiene muy poco que decir en cómo finaliza una relación. Más bien, nada que decir. Sin embargo, las mujeres siguen siendo asesinadas por hombres que no aceptan que ellas sean libres de irse o quedarse, de estar o marcharse, de vestir de una forma o de la otra, de tener amigas o amigos, de entrar y salir… Matar como punto y final, como ejercicio supremo de dominación sobre la mujer. Da igual que apenas haya cumplido los 20 años o, como ha sido el caso de la mujer asesinada este martes en Astorga, tenga ya los 60. No es un tema de culturas, es un tema cultural. No es un asunto de edades ni raza ni nacionalidad. Tampoco lo es de clase social. La violencia machista es un tema de adoctrinamiento, de complicidad y de impunidad.

martes, 27 de febrero de 2018

De Purísima no tiene nada ese infame lugar

Foto: Violeta Assiego
La primera vez que le oí reconocer que más de la mitad de los niños, casi doscientos, dormían en el suelo o compartían cama con otros niños, no me lo podía creer. Me parecía inaudito que el propio Consejero de Bienestar Social de Melilla, responsable último y principal de que se brinde un trato digno a los menores de edad que están bajo su tutela, reconociera pública y desenfadadamente que esas eran las condiciones de vida de un centro de protección español (que no de internamiento como se ha venido diciendo). Lo que para él era (y es) lo más normal, a mi juicio era (y es) un trato injusto, inhumano y degradante.

viernes, 9 de febrero de 2018

Argumentos contra la prisión permanente revisable

Foto: Guillermo Ruiz
Llamarlo ‘populismo punitivo’ también es un eufemismo. La ‘prisión permanente revisable’ es una violación de los derechos humanos que atenta contra la dignidad de los seres humanos e infringe un trato cruel, inhumano y degradante a un sujeto al que se le niega el derecho a la esperanza que recoge el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Afirmar esto, que la prisión permanente revisable (tal y como está recogida en nuestro Código Penal) representa una violación de derechos humanos, no es algo nuevo. Desde que en el año 2015 se aprobó, las principales organizaciones defensoras de derechos humanos, asociaciones de jueces, de fiscales y de abogados, así como expertos en materia penal han reiterado cuáles son los argumentos jurídicos que deslegitiman una medida así en un sistema penal que busca y persigue la reinserción y la reeducación. Entre estos argumentos quizá resulte útil destacar de forma muy somera algunos de ellos:

martes, 14 de noviembre de 2017

Sobre violencia institucional racista pongamos que hablo de Melilla


Decenas de porteadoras esperan entrar en Ceuta con los fardos sobre sus espaldas. GONZALO TESTA

El Estado español es racista. Lo es cuando sus instituciones, y los agentes públicos que las representan, actúan de forma arbitraria y discrecional contra quienes no responden al patrón que se canturrea en el ‘yo soy español, español, español’.
Desde hace años, caso tras caso, distintas sentencias, hechos e informes vienen constatando que las autoridades españolas actúan (o permiten que se actúe) con un sesgo racista hacia las personas que por el color de su piel se podría interpretar que no son ‘de aquí’.
Ya sé que decir que España es racista es políticamente incorrecto. De hecho, la creencia mayoritaria (casi unánime) es que no lo somos: solo el 0,4% de los españoles (datos del último CIS) considera que el racismo es un problema del que tengamos que preocuparnos. A pesar de tenerlo delante, nos cuesta tanto verlo. “Seremos muchas otras cosas, pero racistas… no”.