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martes, 4 de septiembre de 2018

Veintinueve

Foto: María Eugenia Mahía

El pasado 29 de agosto moría Natalya Balyuk, una vecina de Huarte (Navarra). Lo hacía en el hospital. Ingresó inconsciente con multitud de golpes en la espalda y en la cabeza. El hombre que llamó al 112, su marido, dijo que se había caído en el baño. Su madre, la de él, limpió el domicilio para eliminar cualquier rastro que incriminara a su hijo. Este, tras los interrogatorios correspondientes, entró en prisión sin fianza. Está acusado de asesinar a su esposa. Natalya tenía 38 años.
Hace tres años, cuando la pareja residía en otra localidad, alguien alertó de que ella podía estar sufriendo malos tratos. Se abrieron las oportunas diligencias policiales, pero la mujer no quiso ni denunciar ni que la explorara el médico forense.  Se archivaron las actuaciones tanto en este como en otro procedimiento similar un año después. Al no denunciar, se archivaron los casos. Posiblemente, Natalya desconocía, cuando fue asesinada, que 26 días antes había sido aprobado y entraba en vigor un Real Decreto que le podía otorgar protección sin necesidad de denunciar. Para acceder a la misma hubiera necesitado el informe del Ministerio Fiscal o de los Servicios Sociales o de otro organismo especializado con reconocimiento oficial. Aunque contaban en el vecindario que se la veía abatida y abandonada y en el año y medio que vivió en Huarte no pisó un centro de salud ni acudió a Servicios Sociales. Es más que probable, imagino, que los dos intentos frustrados de enjuiciar a su marido le dejaran huella…  

domingo, 31 de diciembre de 2017

Familias: La libertad de elegir

Imágen: Rafael Pérez Israel Artist
“Solo les corresponde a los individuos elegir libremente los modelos de vida que les conviene. No nos corresponde a ninguno de nosotros decir lo que es deseable o no para los demás. En cierto modo, corresponde a todos hacer que lo considerado deseable, para los unos y para los otros, sea posible y accesible. Se trata de abolir las fronteras que prohíben a los individuos el acceso a lo que quieren ser, a lo que quieren vivir, y excluyen, no solo lo que existe sino también lo que no existe y que parece o parecerá algún día, sin que lo podamos anticipar, posible de creer o de crear.” 
Dieder Eribon. Políticas minoritarias en Derecho y política de las sexualidades.


En las últimas décadas hemos asistido a un cambio de paradigma en la conceptualización de la Familia. El modelo tradicional de matrimonio heterosexual con hijos, del que se partía en los años 80, convive actualmente con otros modelos de familia donde el estado civil (estar casado o no) y el hecho de tener hijos (la filiación) ya no son sus señas de identidad.

lunes, 3 de julio de 2017

No a los vientres de alquiler, sí a la gestación subrogada


Imagen de archivo de una mujer embarazada en una consulta médica. EFE
¿Qué sucedería si abordáramos el debate diferenciando entre vientres de alquiler y gestación por subrogación? ¿Qué ocurriría si no diéramos por hecho que ambos conceptos describen la misma realidad? ¿Podríamos diferenciar situaciones en las que prevalece el negocio sin escrúpulos y la explotación de la mujer de aquellos otros casos en los que, de forma no lucrativa, se ofrece a gestar para quienes no pueden hacerlo? De ser así, tendríamos por un lado los vientres de alquiler y por otro la gestación por subrogación sin ánimo de lucro. ¿Tiene algún sentido diferenciar términos y, por tanto, realidades?
El debate de la gestación por subrogación se encuentra en un bucle perverso en el que, entre otras cosas, se cuestiona sistemáticamente y sin diferenciar, si las mujeres somos capaces de tomar decisiones sobre nuestras vidas y vivir en un sistema capitalista. Por supuesto que deben prohibirse todas las formas de explotación de la mujer, pero denunciarlas, perseguirlas y prohibirlas no puede convertirse en una cruzada negacionista de la soberanía que las mujeres tenemos sobre nuestros cuerpos. Soberanía que no puede supeditarse al deseo que tienen quienes quieren conformar una familia biológica, tal y como se desprende de la proposición de ley que acaba de presentar Ciudadanos.

domingo, 3 de julio de 2016

Esos días de fiesta en los que todo el mundo es muy gay

Ted Eytan ©
Madrid se llena de Orgullo y… satisfacción. Sus calles más céntricas, los edificios institucionales, el metro (no solo de Chueca), la publicidad de las marcas más friendly y hasta ONGs que trabajan en la exclusión social… Todos han levantado la bandera (arcoíris) para declarar su amigamiento con el colectivo LGBTI. ¡Bravo!

Obviamente esto es una fiesta, y no es momento de promover medidas significativas que escenifiquen ese compromiso como auténtico y real. Ya habrá momento para que, por ejemplo, el Ayuntamiento anuncie la inclusión de cláusulas en los contratos públicos que bonifiquen a las empresas que promuevan, respeten y garanticen los derechos de las personas LGBTI; o para que la Comunidad de Madrid exija a los centros escolares concertados que integren sin excusas la diversidad familiar que tan sesgada queda por proyectos que priman valores religiosos por encima de derechos; ni por supuesto es momento para que las empresas adopten medidas especiales de discriminación positiva a favor de las personas trans que tanto necesitan una alternativa laboral que las aleje de la marginación. Ni pensemos en la oportunidad de esta fecha para que las ONGs anuncien que, dentro de sus itinerarios de intervención social, han incluido la variable de la diversidad sexual sin sombra alguna de patología.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Cinco cosas que han de cambiar ahora que ‘hijas e hijos’ también son víctimas de la violencia de género




1. Son víctimas sí o sí, hayan presenciado o no los hechos

Hasta que no se aprobó la Ley de la Infancia y la Adolescencia, la calificación de víctima de violencia de género a las hijas e hijos de la mujer dependía de que aquellos hubieran o no presenciado los incidentes contra su madre. Esta nueva perspectiva es determinante, máxime cuando se sabe que en muchas ocasiones los niños son utilizados por el maltratador para ejercer violencia contra la madre con aquello que más les duele.

viernes, 11 de septiembre de 2015

El amor no se impone

¿Cómo están aprendiendo nuestros niños y jóvenes a ser hombres y a ser mujeres? Esa es una de las preguntas que deberían responderse las autoridades cuando decidan abordar de manera integral uno de los principales problemas de convivencia que tiene nuestra sociedad, la violencia de género.

El reparto de roles y funciones que se hace desde la más tierna infancia -dentro de los hogares y también en el aula- marca sin duda alguna la construcción de una identidad masculina y una femenina. Roles y rasgos de conducta que niñas y niños irán adoptando como adecuados y correctos en su camino hacia la adultez, sin ser conscientes de que pueden estar siendo programados para establecer relaciones de por vida desde un plano de desigualdad.