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viernes, 4 de enero de 2019

Las lagunas en Derecho del licenciado Casado

Foto: European People's Party
“El patrimonio exclusivo de la defensa de la mujer y de la defensa de aquellas personas que son más desfavorecidas”, como dijo este jueves Pablo Casado, por supuesto que no lo tiene la izquierda. El patrimonio exclusivo de la defensa de cada una de las personas que las declaraciones de derechos humanos nos señalan como ‘vulnerables’ (no porque seamos débiles sino porque nuestros derechos son sistemáticamente vulnerados por quienes se creen superiores y ocupan posiciones sociales de poder) lo tenemos las propias personas titulares de derechos. La voz, al igual que los derechos, son patrimonio nuestro.
Sin embargo, lo que sí tienen los partidos políticos –sean de izquierda, centro o derecha, cuando legislan y gobiernan–, es la responsabilidad intransferible de que no se produzcan vulneraciones y violaciones de derechos. Es decir, cuando un partido asume el poder ejecutivo es suya la obligación última de proteger, garantizar y promover los derechos de todas las personas en su territorio, regularizadas o no. Indistintamente, por supuesto. Pero existe un importantísimo matiz. Para la efectiva aplicación de ese principio de igualdad, el artículo 14 que ahora tanto invocan Vox y Partido Popular, los gobiernos tienen que velar de forma especial y diferenciada por esas personas que formamos parte de los colectivos nombrados como vulnerables y entre lo cuáles (muy a pesar de algunos) se encuentran las mujeres pero no los hombres.

martes, 17 de abril de 2018

Violencia en las parejas del mismo sexo, ¿es violencia de género?


Foto: Espacio lesbiano
No es baladí el nombre que se dé a la violencia que agrede y mata dentro de una relación de pareja entre personas del mismo sexo. Desde nuestro marco legal, esta no es calificada como ‘violencia de género’ sino como ‘violencia doméstica de pareja’. El hecho de que sea así tiene un sentido. Sin embargo, desde un enfoque feminista que denuncie las opresiones del cisheteropatriarcado toca actualizar los ‘por qué’ para que no queden sin denunciar ni atender las opresiones comunes que se dan en la denominada violencia intragénero.
Mientras lo hacemos, el neomachismo aprovecha cada ocasión para inocular en la sociedad el mensaje de que la mujer –en el ámbito de la violencia de género– tiene un tratamiento privilegiado ante la Ley. No solo porque se discrimine a los hombres que son agredidos por sus mujeres sino porque (a su juicio) las leyes también relegan a “ciudadanos de segunda categoría” a gais y lesbianas cuando sufren maltrato en sus relaciones afectivas.