
Al iniciar su intervención, puntualizaba que el principal núcleo de menores no acompañados que llegan a Melilla no son los de origen marroquí, sino los subsaharianos. Sin embargo, esta información apenas se conoce porque muchos de ellos son víctimas de las llamadas ´devoluciones en caliente´, expulsiones en las que nadie les pregunta ni su edad ni su nacionalidad. Con las mismas que intentan su entrada a la ciudad fronteriza, son retornados bajo esa polémica fórmula legal llamada ‘rechazo en frontera’. Si alguno de ellos entra a territorio español, posiblemente afirmen que son mayores de edad, siendo la obligación del Estado español, si sospecha que no lo son, comprobarlo con la polémica prueba de la edad que permite una horquilla de error de tres años. Los extranjeros de origen subsahariano parecen conocer que en Melilla el sistema de protección del menor, que debería garantizar su acceso a los derechos que reconoce la Convención del Niño, no funciona, no sirve para lograr salir de la marginalidad, la exclusión y la pobreza a la que más bien se verán abocados si confiesan que su edad es inferior a la mayoría de edad. Esta es una de las hasta ocho tipos de violaciones de derechos humanos identifica Amnistía Internacional en las ciudades de Ceuta y Melilla, según una reciente investigación que acaba de hacer pública. Entre estas destaca la falta de condiciones adecuadas en los CETIS, especialmente para personas vulnerables como víctimas de violencia de género, de la trata de seres humanos y las personas LGBTI. Los menores de edad forman parte de esos grupos vulnerables.