Hay quien señala la adopción como la vía a la que tendrían que acudir las personas y parejas que, deseando formar una familia, están usando la gestación subrogada para ser padres y madres. Al hacerlo olvidan o ignoran que la finalidad de esta figura jurídica (sea la adopción nacional o internacional) no es dar respuesta a los deseos de formar una familia por parte de quienes no pueden tener hijos biológicamente por sí mismos. En una especie de afán por señalar el individualismo y egoísmo que supuestamente motiva a quien acude a la gestación por sustitución, se contribuye (seguramente sin querer) a desfigurar una medida clave para la protección jurídica de las niñas y niños que se encuentran en situación de desamparo. La adopción, afortunadamente, no está para hacer realidad los sueños que un adulto pueda tener de ser papá o mamá. En todo caso, si se trata de hacer realidad sueños son los de los chavales más vulnerables que no encuentra los abrazos, la ternura y el hogar en los centros donde viven.
Ahora que se vuelve a abrir el enconado debate sobre los vientres de alquiler y la gestación subrogada es importante reclamar la identidad propia que tiene la adopción antes de que unos y otros la sigan usando como arma arrojadiza o escudo protector. Igual que no sirve que las detractoras a ultranza de los vientres de alquiler manden a adoptar a quienes quieren ser papás o mamás y no pueden hacerlo por sí mismos biológicamente, tampoco es de recibo que quienes quieren acudir a la gestación señalen como excusa para hacerlo que la vía de la adopción presenta dificultades insalvables y plazos inaceptables. Ambas partes se confunden, la adopción no es la sustitución de la gestación por subrogación. La adopción es otra cosa.



