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miércoles, 6 de junio de 2018

Ministras sin dueño



Comparar tiene riesgos y tiene sesgos. Y entre los sesgos está que, por ejemplo, al comparar la paridad del gobierno de Sánchez con los de Zapatero aflore ese machismo que no solo juzga la valía de una mujer como no lo hace con la de un hombre, sino que termina reduciendo todo a ver quién tiene la cuota más grande. Así que, cuidado compañeros (porque los temas políticos los analizan y comentan sobre todo ellos) que si este Gobierno avanza en el concepto de paridad no es solo por la cantidad ni por los méritos de las ministras que llegan o se van, sino por algo que va más allá.
En el año 2004, cuando por primera vez llegó la paridad a la composición de un gobierno, las mujeres representaban en el Senado una cuarta parte del total (26%) y en el Congreso un poquito más, algo más de un tercio (36%). Una situación distinta a la que nos encontramos hoy donde la representación femenina alcanza a la baja el 40%. Este no es un detalle insignificante al analizar con perspectiva el tema de gobiernos y paridad. En aquel contexto, formar un gobierno donde las mujeres fuesen la mitad suponía resquebrajar una de las reglas básicas del nacionalcatolicismo y del patriarcado institucional: la política como cosa de hombres. Aquel cambio de tendencia, sin duda, tuvo su efecto propio de evolución. Marcarse como objetivo frenar la ausencia de las mujeres en los puestos de gobierno y representatividad hizo que la paridad entrase en la agenda, al menos dialéctica. Sin embargo, aquella paridad socialista terminó convirtiéndose más en un gesto que en una revolución. No solo porque el propio Zapataro terminase su mandato renunciando a la paridad, sino porque ningún otro gobierno de España se lo ha tomando en serio.

domingo, 3 de junio de 2018

Solo de paridad vive el hombre

Foto: Gaelx
La democracia, de por sí, como sistema, no garantiza la igualdad de género. Tampoco la paridad garantiza nada per sé. Sin embargo, nadie puede negar que, dentro de un sistema democrático, la meta de la igualdad entre hombres y mujeres es imprescindible y que, desde esa lógica, la composición de los gobiernos debería ser siempre en paridad. No como un gesto hacia las mujeres sino como parte del derecho a la representatividad que tenemos la mitad de la población. Sin embargo, hasta el momento, depende de la voluntad del Presidente de Gobierno (por ahora siempre varones) dejarse llevar por esa regla a la hora de elegir a sus ministras y ministros.

Cuatro décadas después de aprobarse nuestra Constitución, la realidad es que solo cuando la ley obliga se respetan (de aquella manera) las cuotas de paridad. Las mujeres seguimos siendo las grandes ausentes de los lugares donde se tejen y se toman las decisiones ejecutivas, legislativas y judiciales de nuestro país. Espacios clave para la higiene democrática como estos, están vetados a quienes no responden a un perfil: el de un hombre, blanco, hetero y cis. La conclusión no puede ser otra: la democracia también puede ser patriarcal. De hecho, lo es.

domingo, 27 de mayo de 2018

Relegadas en la izquierda y en las ONG


Zula Lucero
En feminismo, pertenecer a un partido de izquierdas, a un sindicato o formar parte de una ONG no son garantía de nada. En una sociedad patriarcal, y la nuestra lo es, ni las banderas ni las siglas eximen a nadie de la necesidad de poner freno al machismo que la mayoría de los hombres llevan dentro cuando se trata de repartir poder y responsabilidad, aunque sea para una noble labor como la de “cambiar el mundo” y luchar contra las injusticias. No basta confiarse al espejismo de las listas cremallera o los planes de igualdad si estas acciones no llevan aparejada la paridad no solo en quien decide sino en lo que se decide.
Basta mirar la presencia de mujeres y los puestos que estas desempeñan en espacios políticos clave para lograr los cambios feministas que necesitamos como sociedad para comprobar que la igualdad entre quienes la proclaman, la promueven y la defienden, tiene un techo de acero más que de cristal. Ellos acaparan los puestos y carteras del poder terrenal y ellas se dedican a los temas más sociales donde la atención directa y el contacto con las personas ocupan un lugar central. Ellos proveen y ellas sostienen, ellos deciden y ellas actúan. Todo un clásico.