Activistas LGBT atacados en una protesta contra la ley homófoba rusa.
Foto de Roma Yandolin
Hace menos de quince días que se conoció que Jean-Claude Roger Mbede había muerto. Tenía 34 años. Numerosos medios de comunicación nacionales e internacionales -entre ellos este periódico- se hicieron eco de este hecho y de las circunstancias en las que se produjo. Su vida cuando fue hostigado, violentado, encarcelado y condenado injustamente por el Estado camerunés no despertó tanto interés si bien su caso ha sido —desde hace varios años— unánimemente denunciado y apoyado por diferentes organizaciones de Derechos Humanos. Jean-Claude Roger Mbede no debía haber muerto pero su familia al elegir sacarle del hospital y llevarle a su aldea, le negó la atención que le hubiera permitido vivir. Para ellos Jean Claude era una maldición, era gay, y su muerte un efecto de aquella.









