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Foto: The British Foreign and Commonwealth Office |
Lo que sucedió con Winnie the Pooh el pasado miércoles no tiene nada de gracioso ni de exótico. La censura no es una broma y cuando la policía secreta le pide a un hombre disfrazado de Winnie the Pooh que se retire del espacio público para “no molestar a los chinos” estamos ante un acto de censura política, ante un uso abusivo de la posición de poder para controlar y limitar la libertad de expresión de una persona que con sus actos y/o palabras puede molestar, ofender o criticar a quien ocupa el Poder. La Policía Nacional sabe lo delicado de lo sucedido, de ahí su empeño en dar otra versión de los hechos, una que saque a relucir lo importante que es velar por la “seguridad” e identificar a todas aquellas personas que, disfrazadas y con la cara tapada, pudieran haber supuesto una amenaza potencial a la integridad de Xi Jinping. Niegan las fuentes policiales que se diera instrucciones en ningún momento para sacar a nadie de la plaza porque saben, efectivamente, que de haberlo hecho estaríamos ante una actuación de suma gravedad. Por tanto, o miente Winnie the Pooth o la policía española no reconoce la verdad.