jueves, 26 de julio de 2018

Hasta que la muerte os separe y el Supremo lo sentencie



Una frase categórica y trágica ha venido sellando, desde hace décadas, los matrimonios de millones de hombres y mujeres. “Hasta que la muerte os separe” es una de esas fórmulas que, aunque suene antigua, produce escalofríos al ver las cifras de la violencia machista. Esta expresión, aunque parece utilizarse cada vez menos, no es inocua y es una de las que envenena las raíces de lo que debe ser una relación libre de pareja. La falsa idea de indivisibilidad del matrimonio viene a decir que es la muerte la que pone fin al amor. Mentira. La muerte nunca es el punto de inflexión de una relación. Esta, guste o no, se acaba cuando se termina el amor, cuando la relación no es lo que se espera, cuando el sentimiento estrangula, o, sencillamente, cuando eso no es amor.

La muerte tiene muy poco que decir en cómo finaliza una relación. Más bien, nada que decir. Sin embargo, las mujeres siguen siendo asesinadas por hombres que no aceptan que ellas sean libres de irse o quedarse, de estar o marcharse, de vestir de una forma o de la otra, de tener amigas o amigos, de entrar y salir… Matar como punto y final, como ejercicio supremo de dominación sobre la mujer. Da igual que apenas haya cumplido los 20 años o, como ha sido el caso de la mujer asesinada este martes en Astorga, tenga ya los 60. No es un tema de culturas, es un tema cultural. No es un asunto de edades ni raza ni nacionalidad. Tampoco lo es de clase social. La violencia machista es un tema de adoctrinamiento, de complicidad y de impunidad.

miércoles, 11 de julio de 2018

El patriarcado contraataca


Foto: contandoestrelas vía Flickr
El feminismo no es un hechizo. Si lo fuera, la tan nombrada "perspectiva de género" ya se habría incorporado, de manera casi instantánea, al ámbito legislativo, ejecutivo y judicial. Pero no, por mucha mención que hagan y hagamos, no estamos ante una poción mágica que con solo su elixir se va a llevar todo lo malo y nos va a dejar vivir en paz. Así que no hay que llevarse a engaño. Nos siguen asesinando. Las siguen asesinando. En este país los hombres matan a las mujeres, a las que ellos creen "sus" mujeres.
En lo cotidiano (y en lo que no lo es tanto) nos toca seguir soportando, lidiando y denunciando esa "ideología y perspectiva patriarcal" que todo lo impregna. Esa que quiere controlar la libertad sexual de las mujeres y expropiarnos de la igualdad porque la siente como amenaza. Esa que se niega a ceder un terreno que no es suyo, un lugar que no le pertenece y que solo corresponde a la mujer. Esa que se hace hueco con sus mentiras informativas y con decisiones legales e injustas gracias al dopaje de un sistema machista que no da su brazo a torcer ni tampoco quiere comprender porque eso supone que tiene que desaprender.

viernes, 6 de julio de 2018

Ni es tu bandera ni soy tu juguete


Ahora es Orgullo como podría ser Navidad. Ame a quien ame, en Madrid se me quiere. Las tiendas de todo a cien, las pizzerías de comida rápida, los restaurantes de mesa y mantel, los kioscos de prensa, los ultramarinos, los puestos de pipas, las pequeñas y las grandes marcas y hasta los que venden recipientes de reciclaje de vidrio… me quieren. La presunción de cis-heterosexualidad ha saltado por los aires otro año más y, durante 15 días, quienes somos bolleras, maricas, bisexuales y trans existimos.
Amemos a quien amemos, e incluso si no amamos y en el mejor de los casos solo follamos, protagonizamos este boom estacional de lo gayfriendly. Las tiendas, comercios, restaurantes, bares, negocios y medios de comunicación hacen como que se rinden a nuestros pies y están 'súper a favor' de la no discriminación. Todo es 'Orgullo Gay'. Por cierto, si quieren ser friendly, de verdad, han de saber que en el colectivo hay mucha más diversidad sexual, de género y familiar que la que abarca el término gay e, incluso, que la que las propias siglas pueden mostrar. 

viernes, 22 de junio de 2018

No sé si nos toman por idiotas o ya es un asunto personal


De: Fotoenmovimiento.org
El auto de puesta en libertad a los miembros de ‘la manada’ está siendo interpretado como un agravio al sentido común y una ofensa al sentir popular. Más allá de esto, desde una lectura jurídica, volvemos a comprobar el caso omiso que se hace a la palabra de la víctima, a la defensa de sus intereses, a la perspectiva de género y a la necesidad de cambios procesales que incorporen los peritajes psicológicos a la hora de valorar la reincidencia en los casos de violencia sexual.
Además, existe en este auto -como pasaba con la sentencia de este mismo tribunal- una disonancia total entre los motivos que se detallan para pedir que se prorrogue la prisión y lo que finalmente se dice en su resolución. Esta vez, la fundamentación jurídica -ajena a lo que plantean las partes que representan a la víctima- termina construyendo de forma paralela una realidad que da por hecho que lo único que se discute es si debe aplicarse automáticamente la continuidad en prisión. Y esto no es verdad. Ninguna de las partes que se opone a la libertad provisional plantea que los miembros de ‘la manada’ sigan en la cárcel porque sí, por el solo hecho de que haya una condena.

lunes, 18 de junio de 2018

La adopción no es el placebo de la gestación subrogada



Hay quien señala la adopción como la vía a la que tendrían que acudir las personas y parejas que, deseando formar una familia, están usando la gestación subrogada para ser padres y madres. Al hacerlo olvidan o ignoran que la finalidad de esta figura jurídica (sea la adopción nacional o internacional) no es dar respuesta a los deseos de formar una familia por parte de quienes no pueden tener hijos biológicamente por sí mismos. En una especie de afán por señalar el individualismo y egoísmo que supuestamente motiva a quien acude a la gestación por sustitución, se contribuye (seguramente sin querer) a desfigurar una medida clave para la protección jurídica de las niñas y niños que se encuentran en situación de desamparo. La adopción, afortunadamente, no está para hacer realidad los sueños que un adulto pueda tener de ser papá o mamá. En todo caso, si se trata de hacer realidad sueños son los de los chavales más vulnerables que no encuentra los abrazos, la ternura y el hogar en los centros donde viven.
Ahora que se vuelve a abrir el enconado debate sobre los vientres de alquiler y la gestación subrogada es importante reclamar la identidad propia que tiene la adopción antes de que unos y otros la sigan usando como arma arrojadiza o escudo protector. Igual que no sirve que las detractoras a ultranza de los vientres de alquiler manden a adoptar a quienes quieren ser papás o mamás y no pueden hacerlo por sí mismos biológicamente, tampoco es de recibo que quienes quieren acudir a la gestación señalen como excusa para hacerlo que la vía de la adopción presenta dificultades insalvables y plazos inaceptables. Ambas partes se confunden, la adopción no es la sustitución de la gestación por subrogación. La adopción es otra cosa.

lunes, 11 de junio de 2018

Las feministas blancas comemos fresas

Las mujeres denunciantes, este lunes ante la Inspección de Trabajo en Huelva
Hace unos días, un representante marroquí de una organización LGBTI me recriminó que desde el feminismo de las blancas apenas nos estábamos movilizando para apoyar a sus compatriotas, las temporeras que recogen la fresa en los campos de Huelva. En las últimas semanas ha sido su testimonio, el de decenas de mujeres, el que ha puesto al descubierto la explotación laboral que padecen, pero no solo. Junto a las indignas condiciones laborales que sufren relatan situaciones de hostigamiento, violencia sexual, chantaje, agresiones físicas, insultos y vejaciones. ¿Por parte de quien? Obvio, de sus superiores. Tras este tirón de orejas me quedé pensativa y no tuve más remedio que asentir. Así es, las feministas blancas (quitando notables y admiradas excepciones) no hemos movido ni un pie por las temporeras marroquíes. Ni desde las redes ni desde las calles ni desde las instituciones.

miércoles, 6 de junio de 2018

Ministras sin dueño



Comparar tiene riesgos y tiene sesgos. Y entre los sesgos está que, por ejemplo, al comparar la paridad del gobierno de Sánchez con los de Zapatero aflore ese machismo que no solo juzga la valía de una mujer como no lo hace con la de un hombre, sino que termina reduciendo todo a ver quién tiene la cuota más grande. Así que, cuidado compañeros (porque los temas políticos los analizan y comentan sobre todo ellos) que si este Gobierno avanza en el concepto de paridad no es solo por la cantidad ni por los méritos de las ministras que llegan o se van, sino por algo que va más allá.
En el año 2004, cuando por primera vez llegó la paridad a la composición de un gobierno, las mujeres representaban en el Senado una cuarta parte del total (26%) y en el Congreso un poquito más, algo más de un tercio (36%). Una situación distinta a la que nos encontramos hoy donde la representación femenina alcanza a la baja el 40%. Este no es un detalle insignificante al analizar con perspectiva el tema de gobiernos y paridad. En aquel contexto, formar un gobierno donde las mujeres fuesen la mitad suponía resquebrajar una de las reglas básicas del nacionalcatolicismo y del patriarcado institucional: la política como cosa de hombres. Aquel cambio de tendencia, sin duda, tuvo su efecto propio de evolución. Marcarse como objetivo frenar la ausencia de las mujeres en los puestos de gobierno y representatividad hizo que la paridad entrase en la agenda, al menos dialéctica. Sin embargo, aquella paridad socialista terminó convirtiéndose más en un gesto que en una revolución. No solo porque el propio Zapataro terminase su mandato renunciando a la paridad, sino porque ningún otro gobierno de España se lo ha tomando en serio.

domingo, 3 de junio de 2018

Solo de paridad vive el hombre

Foto: Gaelx
La democracia, de por sí, como sistema, no garantiza la igualdad de género. Tampoco la paridad garantiza nada per sé. Sin embargo, nadie puede negar que, dentro de un sistema democrático, la meta de la igualdad entre hombres y mujeres es imprescindible y que, desde esa lógica, la composición de los gobiernos debería ser siempre en paridad. No como un gesto hacia las mujeres sino como parte del derecho a la representatividad que tenemos la mitad de la población. Sin embargo, hasta el momento, depende de la voluntad del Presidente de Gobierno (por ahora siempre varones) dejarse llevar por esa regla a la hora de elegir a sus ministras y ministros.

Cuatro décadas después de aprobarse nuestra Constitución, la realidad es que solo cuando la ley obliga se respetan (de aquella manera) las cuotas de paridad. Las mujeres seguimos siendo las grandes ausentes de los lugares donde se tejen y se toman las decisiones ejecutivas, legislativas y judiciales de nuestro país. Espacios clave para la higiene democrática como estos, están vetados a quienes no responden a un perfil: el de un hombre, blanco, hetero y cis. La conclusión no puede ser otra: la democracia también puede ser patriarcal. De hecho, lo es.

domingo, 27 de mayo de 2018

Relegadas en la izquierda y en las ONG


Zula Lucero
En feminismo, pertenecer a un partido de izquierdas, a un sindicato o formar parte de una ONG no son garantía de nada. En una sociedad patriarcal, y la nuestra lo es, ni las banderas ni las siglas eximen a nadie de la necesidad de poner freno al machismo que la mayoría de los hombres llevan dentro cuando se trata de repartir poder y responsabilidad, aunque sea para una noble labor como la de “cambiar el mundo” y luchar contra las injusticias. No basta confiarse al espejismo de las listas cremallera o los planes de igualdad si estas acciones no llevan aparejada la paridad no solo en quien decide sino en lo que se decide.
Basta mirar la presencia de mujeres y los puestos que estas desempeñan en espacios políticos clave para lograr los cambios feministas que necesitamos como sociedad para comprobar que la igualdad entre quienes la proclaman, la promueven y la defienden, tiene un techo de acero más que de cristal. Ellos acaparan los puestos y carteras del poder terrenal y ellas se dedican a los temas más sociales donde la atención directa y el contacto con las personas ocupan un lugar central. Ellos proveen y ellas sostienen, ellos deciden y ellas actúan. Todo un clásico.

domingo, 13 de mayo de 2018

Señalar con nombre y apellidos, ¿es ese el camino?

Foto: Violeta Assiego
No creo que las redes sociales sean el medio para hacer justicia, conocer la verdad y para que las víctimas tengan una reparación efectiva. Sin embargo, las redes están teniendo una función clave a la hora de dar a conocer aquello que hasta ahora se ha venido callando y reprimiendo: las violencias sexuales contra las mujeres. Las redes sociales, no solo en España, se han convertido en el espacio donde las mujeres –negada y atacada nuestra libertad sexual por quienes deben protegerla– hemos encontrado la libertad para contar y la sororidad de hacerlo sin miedo. A través de Twitter, Facebook e Instagram se ha logrado que se deje de ningunear un problema que pone al descubierto que ante los próceres de la sociedad patriarcal ser mujer es sinónimo de dominación, abuso y castigo.
A pesar de todo esto, o precisamente por todo esto, no puedo celebrar los señalamientos que han tenido lugar esta última semana a hombres, con nombre y apellidos. Miro con cautela, que no con desconfianza, la denuncia pública que han protagonizado multitud de mujeres anónimas. Era de esperar que pasara algo así al constatar con  el #Cuéntalo (por si quedaban dudas) el abanico de violencias que sufrimos las mujeres. Acoso, abusos, agresiones, humillaciones y maltrato son experiencias demasiado frecuentes, y la hartura, indignación e impotencia que provocan necesitan canales por los que aflorar. Pero, a mi juicio, no es una buena noticia que uno sea a través de señalamientos cómo los que han tenido lugar estos días.