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Zula Lucero |
En feminismo, pertenecer a un partido de izquierdas, a un sindicato o formar parte de una ONG no son garantía de nada. En una sociedad patriarcal, y la nuestra lo es, ni las banderas ni las siglas eximen a nadie de la necesidad de poner freno al machismo que la mayoría de los hombres llevan dentro cuando se trata de repartir poder y responsabilidad, aunque sea para una noble labor como la de “cambiar el mundo” y luchar contra las injusticias. No basta confiarse al espejismo de las listas cremallera o los planes de igualdad si estas acciones no llevan aparejada la paridad no solo en quien decide sino en lo que se decide.
Basta mirar la presencia de mujeres y los puestos que estas desempeñan en espacios políticos clave para lograr los cambios feministas que necesitamos como sociedad para comprobar que la igualdad entre quienes la proclaman, la promueven y la defienden, tiene un techo de acero más que de cristal. Ellos acaparan los puestos y carteras del poder terrenal y ellas se dedican a los temas más sociales donde la atención directa y el contacto con las personas ocupan un lugar central. Ellos proveen y ellas sostienen, ellos deciden y ellas actúan. Todo un clásico.