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Foto: Violeta Assiego |
La primera vez que le oí reconocer que más de la mitad de los niños, casi doscientos, dormían en el suelo o compartían cama con otros niños, no me lo podía creer. Me parecía inaudito que el propio Consejero de Bienestar Social de Melilla, responsable último y principal de que se brinde un trato digno a los menores de edad que están bajo su tutela, reconociera pública y desenfadadamente que esas eran las condiciones de vida de un centro de protección español (que no de internamiento como se ha venido diciendo). Lo que para él era (y es) lo más normal, a mi juicio era (y es) un trato injusto, inhumano y degradante.