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Fotografía de Federica Olivieri |
Con los ojos vendados te empujan al vacío desde lo alto de un edificio. Cuando estás en el suelo una turba gente, incluidas mujeres y niños, te apedrea hasta que mueres. Tanta crueldad y saña se deben a tu presunta orientación sexual. Dicen que eres gay. Y puede que lo fueras pero también puede que no. Puede que solamente estuvieras en el bando equivocado o simplemente no tuvieras bando. Tan posible es que fueras gay como que no lo fueras. Ahora solo eres un cadáver cuya sádica ejecución tiene mucho valor mediático. Sus imágenes han recorrido medio mundo. Son virales y forman parte de un mensaje que quiere provocarnos las mismas dosis de odio que de terror.
Sería un grave error -a partir de estos hechos que se vienen repitiendo- creer que ser homosexual en Siria tiene bando. Para nada, ser gay allí es estar atrapado entre dos fuegos. Pero no son los únicos que se encuentran en esa situación, cualquiera puede ser víctima de persecución, tortura y ejecución. En este país devastado por el horror de una guerra sin fin, atacar a los homosexuales es de lo más normal y atacar al contrario acusándolo de homosexual, también. Se puede llegar a ganar mucho dinero y poder hostigando, chantajeando, torturando y asesinando, también a los homosexuales. Son presas fáciles, tanto para las fuerzas leales a Al Asad como para los rebeldes de la oposición.