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Foto: gaelx |
En los márgenes de un feminismo hegemónico reproductor de las desigualdades y opresiones del orden político "patriarcado", hay otras identidades feministas que no toman como referencia, única y posible, a la mujer blanca cis occidental y con carta de ciudadanía como "sujeto político". Identidades, movimientos feministas, que, desde una lógica de derechos humanos con mirada interseccional, rompen con los dogmas que –desde los privilegios– buscan por inercia homogenizar un movimiento global y diverso.
Un movimiento cuyo "sujeto político" no es algo estático ni fijo, ni tampoco viene predeterminado por un texto académico. Más bien es fruto de la historia colectiva de las mujeres. Una historia de experiencias de subordinación y vulneraciones de derechos a la que atraviesan una multiplicidad de creencias, prejuicios y prácticas que impactan en forma de discriminación y violenta en la vida millones de mujeres por ser mujeres, pero también por ser distintas, ser disidentes, ser subversivas... Por ser ellas mismas y por ser parte de una seña de identidad colectiva en la que la desigualdad de género es parte ineludible en la ecuación "opresión", pero no la única.